
En una panadería de Usmekistán soñamos con la creación de esta editorial ñera, neoñera, reñera. Una casa de y para escritores y escritoras del Sur de Bogotá que nos permita dialogar con el mundo y desafiar la brecha que nos separa del campo gomelo de las publicaciones.
Soñamos una editorial que se llama SIN PALABRAS como una manera de nombrar el asombro y el límite de nuestra lengua, pero también para decirle al establecimiento que las clases populares sí tienen historia, historias y voces para contarse.
Aquí estamos, lo estamos haciendo real y vinimos para quedarnos.





